miércoles, 29 de julio de 2015

Relatos: El hacedor de portales

La sesión había comenzado hacía rato. Yo estaba escéptico y comenzaba a estar molesto ante aquella situación. «¿Portales tridimensionales?» Había accedido a venir por la insistencia de mis padres. Su vida, plagada de desgracias y miserias, hizo que me compadeciera de ellos y aceptara esa inusual petición. 

Estábamos en una amplia sala, sentados alrededor de una mesa. Juan, un divulgador científico, presidía la sesión y era el encargado de explicarnos el funcionamiento y origen de los portales. Nos explicó que en determinados lugares especiales, alrededor de todo el mundo, convergían diferentes energías que permitían, mediante un intrincado artilugio llamado el hacedor de portales, condensar esas energías y abrir unos portales tridimensionales.
Frente a él, estaban sentados mis padres quienes habían escuchado de los beneficios de adentrarse en los portales y habían contactado con unos amigos suyos para poder asistir a una de las pocas y reclamadas sesiones que se realizaban. A la derecha de mi padre estaba Luis, un antiguo compañero de trabajo junto con su mujer Pepa, quien había conseguido los pases para que todos pudiéramos asistir a este evento. A la izquierda de mi madre se encontraban Matías y Jacinta, hermano y cuñada de Pepa respectivamente. Ambos habían mostrado su interés en asistir a la sesión en reiteradas ocasiones. 

—¿Cuándo vamos a adentrarnos en uno de ellos? —pregunté impaciente mirando a Juan. 

—No tengas prisa jovencito —contestó esbozando una sonrisa—. Si alguien se adentra sin conocer sus riesgos puede ser una experiencia muy desaconsejable. No te la recomiendo... 

Hice una mueca y me crucé de brazos. Mi madre me miró de soslayo y se aferró al brazo de mi padre al tiempo que hacia un gesto para que me calmara. No fue hasta pasados unos veinte minutos cuando Juan se levantó y se acercó hacia el canalizador de energía. 

—¿Quién va a ser el primero? —dijo mirándonos mientras encendía el hacedor de portales. 

El primero en alzar el brazo fue mi padre. Dio un paso al frente y se acercó al portal que se acababa de crear junto al aparato. Parecía pintura flotando en el aire, se arremolinaba y giraba sobre sí mismo. En el centro, un pequeño punto negro que emitía un sonido sibilante invadiendo la habitación, comenzó a crecer y en su interior parecía que se desataba una tormenta, donde rayos y destellos emergían del interior. Juan, le susurró algo a mi padre y le indició que se acercara al portal sin temor. Con pasos lentos y dubitativos mi padre se aproximó y observó esa atrayente puerta a lo desconocido. Alargó el brazo y se adentró desapareciendo en su interior en el mismo instante en que mi madre ahogaba un grito. 

—No se preocupe —intervino Juan volviéndose hacia ella—. En unos momentos estará de vuelta y se sorprenderá. 

Me acerqué al portal para poder verlo mejor, coloqué mi silla justo enfrente y esperé el regreso de mi padre. Transcurrido cinco minutos que se me hicieron eternos, después de un chispazo, seguido de un fogonazo que nos cegó y sobresaltó a todos apareció mi padre delante del portal temblando. Me levanté de la silla alarmado y me sorprendí al ver a mi padre con lágrimas en los ojos, buscó a mi madre y se lanzó a sus brazos. 

—Teresa, es lo mejor que me ha ocurrido nunca —explicó entre sollozos—. Tienes que entrar. 

—¿Qué ha pasado Fernando? 

—No te lo puedo explicar... —exclamó sonriente—. Tienes que entrar tú misma y experimentarlo. 

Mi madre nos miró a todos y al ver que nadie se oponía a la sugerencia de mi padre se encaminó al portal con pasos nerviosos. Me dedicó una mirada y tras despedirse de nosotros entró. Me acerqué a mi padre, quien le explicaba eufórico a Juan su experiencia. 

—Reviví el primer beso con Teresa, nuestra boda y el nacimiento de mi hijo —explicó volviéndose hacia mí. Me abrazó dándome un beso en la mejilla—. ¡Qué alegría hijo! ¡Que alegría más grande! 

Se volvió hacía Luis y comenzó a narrarles lo ocurrido. Algo me llamó la atención del portal, por lo que volví a sentarme en la silla y lo observé detenidamente. Mi madre apareció de idéntico modo que lo había hecho mi padre minutos antes. Nada más salir le buscó con la mirada, se abalanzó sobre él y se besaron apasionadamente. 

Sin poder evitarlo volví a encontrarme observando el centro del portal. Flotaba, moviéndose, atrayéndome hacia él. Por un segundo desconecté de todo lo que me rodeaba y me fijé en su centro, era algo hipnótico. Como si en una pesadilla me encontrara, un aterrador grito emergió del interior del portal y retumbó en mi cabeza. Unas fauces afiladas surgieron del interior y dentellearon el aire a poco distancia de mí. Noté como se me erizaban los pelos y un escalofrió me recorrió todo el cuerpo, aparté la vista horrorizado y observé a los demás. Parecían no haber escuchado ni visto nada. 

Aturdido por lo ocurrido, algo en mi interior me hizo volver la vista al portal. Una fuerza me atrajo, me levanté de la silla y pese a tratar de permanecer inmóvil sentí como si algo me empujase hacia el interior. Noté algo en mi espalda, me giré y observé aterrorizado una sombra negra de gran envergadura que me acercaba al portal, volví la vista al frente y presencié como surgía otra sombra idéntica, y juntas me arrastraron al interior sin ni siquiera tener tiempo a gritar.



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