miércoles, 8 de julio de 2015

Relatos: Libreria

Entré en la librería y observé el mostrador encontrándome con la mirada de la hija del dueño quien sonrió al verme como cada mañana. La saludé y subí las escaleras ojeando de pasada los nuevos lanzamientos esperando encontrar algo que captara mi atención. Cuando llegué al primer piso, miré hacia la sección de ciencia ficción y fantasía, y sonreí. Me acerqué con pasos rápidos a la estantería más alejada y saqué un libro de Maedhros Anarion, llamado El despertar. Di dos pasos hacia atrás, ocultándome tras la columna, y lo abrí buscando la marca en la esquina de la hoja.
"Cuando volvió la vista al frente la mujer que había estado observándole se dirigía hacia él.

—Comiendo con el populacho, ¿eh? —le dijo colocándose unas estrambóticas gafas que le hacían parecer una chiflada. 

—¿Perdón? —contestó observándola. Era un poco más baja que él, vestía unos tejanos grises y una camiseta con una calavera.

—Lo lamento, señor. Simplemente quería ser graciosa... —dijo sentándose a su lado.

—Espera —le cortó—. ¿Señor? ¿Quién te crees qué soy? —quiso saber. Todo el mundo le trataba de señor y no sabía el porqué, ya comenzaba a estar un poco cansado.

—A no ser que haya robado ese uniforme, y que espero que no sea el caso —dijo mientras reía—, usted es Sargento —concluyó señalando las franjas rojas de su traje.

—¿Sargento? —musitó mirándose los hombros. «Tengo que sacarle información antes de decirle la verdad», pensó mientras jugaba con un trozo de galleta que tenía en el plato—. ¿Cómo te llamas?

—Me llamo Jaidy, pero puedes llamarme Jay.

—Perfecto, Jaidy —dijo con voz severa—. Voy a hacerte un par de preguntas. Y necesito las respuestas.

—Sí, señor —El tono chistoso con el que había iniciado la conversación había desaparecido, su voz era firme y respetuosa, y su mirada otrora distante, ahora le miraba fijamente a los ojos—. ¿En qué puedo ayudarle?

—Primero, deja de llamarme señor. Puedes llamarme Paul —le dijo colocándole una mano sobre el hombro izquierdo—, así que de ahora en adelante, por favor, evita lo de señor...

Jay asintió y se sentó derecha en la mesa. El comedor se había vaciado y apenas quedaban unas tres personas en toda la sala. Un encargado de la limpieza en la otra punta del comedor recogía unas mesas sin prestarles atención. 

—¿Cuánto tiempo hace que la Visit-1 zarpó?

—Esta mañana muy temprano —dijo mientras miraba su reloj—, para ser exactos, diecinueve horas y... cincuenta minutos.

—¿Dónde se dirige?

—¿Es una pregunta trampa? —contestó ella tras pensarlo detenidamente.

—¿Por qué debería de serlo? —preguntó extrañado.

—Oficialmente, la Visit-1 se dirige a la galaxia Palahniuk... —Hizo una pausa. Tomo aire y inspeccionó el comedor con desconfianza, adquiriendo un semblante más serio y bajando la voz—. Hay quién dice que el destino es otro. La Visit-1 viajará a la galaxia Orestes en busca de algún planeta habitable...

—¿Quieres decir qué parte de la tripulación cree que no volverá a casa?

—Me temo que sí, mi señ...

—Soy Paul, recuérdalo —intervino antes de guardar silencio y meditar lo que Jay le había contado. «¿Por qué he acabado en esta nave?»—. ¿Cómo llegaste a formar parte de la tripulación? —dijo al fin.

—Soy una experta en ordenadores, no sé si me entiende... —Su rostro dibujo una sonrisa y se colocó bien las gafas—. La Visit-1 necesitaba de gente con mi talento y me ofrecieron un puesto de trabajo.

—¿Cuándo se supone que regresamos a la Tierra?

—Sí en realidad nos dirigimos a Palahniuk, en unos seis o siete meses... 

«¿Seis o siete meses? ¿Y si no vamos hasta allí?» notó como el corazón comenzaba a latirle mucho más deprisa. «Tengo que solucionar esto, y ya...»

—Y quién sabe cuánto podemos estar vagando por el espacio si los rumores son ciertos.... —añadió al ver a Paul hacer una mueca.

—Jay —le cortó, levantándose del banco—, si tuvieras un problema y quisieras hablar con alguien sobre ello. ¿A quién acudirías?

—Iría a hablar con mi supervisor.

—¿Y dónde podría encontrarlo?

—Supongo que ahora estará en los dormitorios, sabiendo la hora que es... —dijo mirándole—. Será mejor esperar a mañana. ¿Tan importante es?

—¿Y si te dijera que este traje no es mío?

—¿Perdón? No lo entiendo señor...

—Paul, me llamo Paul y no soy sargento —dijo mirando al fondo del comedor—. Hace un rato me he despertado en el muelle. En el interior de una caja y vestido así.."

Miré el reloj. Faltaban dos minutos para volver al trabajo. Me pasé la yema del dedo por la lengua y la deslicé por la esquina superior de la hoja doblándola con un ágil movimiento y cerré el libro.

—Disculpe —intervino una voz en el mismo instante en que lo devolvía a la estantería—. ¿Qué ha hecho?

Me sobresalté por un momento. Dejé el libro y me volví hacía las escaleras. Era el dueño, un hombre mayor vestido con chaqueta de lino que asomaba tras la columna.

—Tengo diez minutos de descanso durante el trabajo —dije señalando hacía la tienda de ropa situada frente a la librería—, y he marcado la página para cuando vuelva mañana.


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