miércoles, 7 de septiembre de 2016

Taller: Destructora de mundos

Tras el estallido de la Destructora de mundos los humanos nos vimos obligados a ocultarnos bajo tierra para evitar la radiación. Alertados días antes por las autoridades, unos cientos conseguimos llegar a la antigua ciudad de Kyos, una ciudad subterránea que había servido como refugio durante la Tercera Guerra Mundial y ahora abandonada. Tras sellar casi todas las entradas y hacernos con todos los víveres posibles, aguardamos en el interior.

Las noticias del exterior se detuvieron en el mismo instante en que la bomba estalló por lo que las medidas de seguridad en el refugio se acentuaron. Durante los primeros días los más valientes se prestaron voluntarios para salir al exterior y traer noticias, pero ninguno de ellos regresó. Mi hijo fue uno de ellos, y cuando había perdido toda esperanza de volver a verlo, se presentó en la puerta del sector norte del refugio. En aquel momento tuve sentimientos contradictorios, la alegría de tener a mi hijo cerca y la obligación de no permitirle entrar.

Separados por una puerta metálica, y hablando por un telecomunicador, me explicó que el mundo conocido había desaparecido. No había nada vivo y una densa niebla de gases tóxicos cubría toda la tierra. Al parecer esos gases provocaban extrañas mutaciones a quienes entraban en contacto con ellos y acababan con la vida de las personas de manera lenta y dolorosa.

Fue muy duro decidir quién podía entrar en nuestro nuevo refugio y quién no. Como líder me vi en la obligación de predicar con el ejemplo y dejar a mi hijo fuera del refugio por ser portador de esas mutaciones que al parecer eran extremadamente contagiosas.

Tras el primer mes bajo tierra, los suministros que habíamos recolectado comenzaron a terminarse, la falta de luz solar agrió el ánimo de los refugiados y los disturbios comenzaron. Primero fueron asaltos a los almacenes donde se guardaban los alimentos, luego el soborno a los guardias que protegían el lugar y finalmente nos encontramos con un cadáver semidevorado. Alguien había abierto la veda y nadie estaba seguro en aquel lugar.

(La escena debe ocurrir después del estallido de una bomba nuclear y con una narración en tiempo pasado)

Destructora de mundos: ¡Ponle nota!

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