miércoles, 14 de septiembre de 2016

Relatos: Perdón

Salí del portal de mi colega y me coloqué las gafas. Pese a que el sol estaba bajo, el calor aún era asfixiante. Miré a ambos lados, tratando de recordar donde había aparcado el coche. Una leve corriente de aire fresco me hizo comenzar a andar por la acera, tratando de caminar por la sombra. 

Divisé mi coche al final de la calle y me maldije al verlo torrarse al sol. La brisa me animó a ir más despacio para disfrutar de ella durante más tiempo.

En la esquina había un bar con un par de mesas en la terraza, de una de ellas, se levantó una chica menuda y se acercó interponiéndose en mi camino.

—Hola guapetón —habló en voz alta y sacando pecho—, ¿no tendrás por casualidad un cigarro? —añadió cogiéndose un mechón de pelo y enroscándoselo en el dedo.

—Eh… No, no fumo —contesté con una sonrisa.

Di un paso hacia el lateral con intención de continuar hasta el coche cuando ella volvió a ponerse frente a mí, haciendo que chocáramos.

—Perdón —me disculpé dando un paso atrás al ver que se llevaba la mano a una teta tras soltar un gemido.

—Estoy ovulando y tengo los pechos sensibles —informó masajeándoselo al tiempo que me hacía morritos.

El sonido de una silla cayendo al suelo me sobresaltó, miré por encima de su hombro y un chico se acercaba a nosotros con pasos decididos.

—¡Tú! —gritó señalándome con el dedo—. ¡¿Qué mierdas te crees que estás haciendo!?

—¿Cómo?

—Ni se te ocurra tocarla otra vez… —me amenazó acercando su rostro al mío.

—No ha sido adrede —comencé diciendo—, ha sido ella la que ha chocado conmigo.

—¿Me estás diciendo que ha sido ella quien se ha abalanzado sobre ti? —dijo frunciendo el ceño y torciendo la boca—. Vete de aquí. Ya me encargo yo de este gilipollas —concluyó volviéndose a la chica.

—Nos hemos chocado simplemente… —traté de explicar cuando recibí un fuerte empujón—. Tranquilo, tío.

Sin poder reaccionar se abalanzó sobre mí y me golpeó en la sien con el puño. Caí al suelo y desde allí observé como las demás personas que había en la terraza se levantaban y corrían hacia nosotros.

—¿Qué haces, Ramón? —gritó uno de ellos tratando de separarlo de mi mientras me pateaba.

Me cubrí la cabeza con los brazos y traté de resistir la lluvia de golpes.

—¡Hijo de puta! ¡Te voy a reventar! 

Descargó su ira contra mí hasta que entre tres personas lo alejaron de mí. Abrí los ojos y observé como la chica quien me miraba con una sonrisa dibujada en su rostro se agachó junto a mí.

—No siempre ganan los buenos.

Perdón: ¡Ponle nota!

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