jueves, 30 de enero de 2014

La torre del alquimista I (2ªparte)

Lo prometido es deuda, aquí esta la segunda parte del relato. Pese a seguir trabajando en él, estoy exprimiéndome el coco para realizar el nuevo "Challenge Me" que me habéis propuesto esta vez. Espero que el texto os deje con ganas de saber más, y por supuesto os guste.

"La habitación era como una especie de almacén, con infinidad de barriles y sacos llenos de comida. Las telarañas que abundaban en los barriles más alejados de la entrada y el polvo daban a la estancia un toque de dejadez, de no haberse tocado en mucho tiempo. Niggle se quitó los guantes, se acercó al farolillo y aproximó sus manos con la intención de entrar en calor. — ¿Qué sabes del alquimista? —preguntó. —Es buen vecino. Pese a su edad continúa ayudando a la gente casi a diario. —respondió Hob mientras se acercó a uno de los barriles y dejó el farolillo sobre él. — Es un tipo raro,  de extrañas costumbres. —decía mientras se sentaba sobre unas cajas. —Bueno, supongo que como todo alquimista. —matizó mostrando una pequeña sonrisa.


Niggle se acercó y se sentó en unos sacos, ante su peso estas cedieron y le dejaron en una posición muy cómoda, se recostó y volvió a colocar las manos cerca de la fuente de luz. — Poca gente le ha visto en estos últimos años. —comenzó Niggle.  —Dicen que está en algo turbio. Paul el Loco, quiso saber más de la cuenta y mira como ha acabado. —añadió señalando en dirección donde se suponía que estaba su pueblo. —He oído que últimamente está recluido y no sale de la torre, pero eso no confirma nada. —intervino Hob. —Lo sé, pero ya no es aquella persona que ayudaba a todo el mundo. — empezó diciendo. —Sin ir más lejos mi mujer vino aquí hará un par de días en busca de un remedio para sus constantes vómitos. —explicó mientras sacaba del bolsillo una pipa de fumar. — Y no obtuvo respuesta alguna. — continuó mientras la llenaba de tabaco. — Eso no tiene nada que ver. Sabes que está cansado de las constantes visitas a las que le sometemos. —respondió Hob mientras observaba la habitación.  — ¿No estará preñada verdad? —concluyó. Niggle que acababa de encender su pipa se atragantó con el humo y tosió ante lo que acababa de oír. — Imposible. —escupió a duras penas. —Me lo habría dicho. ¡Estoy seguro! —exclamó mientras se acercaba a su compañero. —Ya sabes cómo es Linda. — añadió Hob mientras se levantaba. —Es muy reservada para estas cosas. —terminó. Ambos se echaron a reír y después permanecieron un rato en silencio. 

— ¿Voy a ser padre? —dijo Niggle con la mirada perdida en las cenizas de la pipa. — ¡Eso parece! —añadió Hob dándole una palmadita en la espalda. —Si sale guapo la juntaremos con mi pequeña Yansi. —rió ante su comentario. —Escuché el otro día que tuvo problemas en la escuela. —preguntó Niggle. —Bueno, el hijo del herrero como siempre. Tiene las manos igual de largas que su padre. —contestó molesto. —Ese pequeño diablejo. — continuó Niggle mientras daba otra profunda calada. —Siempre esta colándose en el huerto de mi padre. —terminó mientras expulsaba el denso humo de sus pulmones. —Camila está preocupada de todas formas. —continuó mientras andaba por la habitación. —La pequeña está empezando a tenerle pánico a ir a la escuela, incluso sufre de ansiedad. —explicó a su compañero quién prestaba atención tras la pipa.

Una pequeña explosión les interrumpió sobresaltándoles, provenía de más arriba. —Tenemos que movernos. —dijo Hob cogiendo el farolillo. Niggle se reincorporó de un salto y siguió a su compañero. Caminaron hasta la otra pared de la habitación cautelosamente. —Vamos, no hagamos ruido. — susurró. Ambos avanzaron por la sala entre una hilera de barriles hasta llegar a la escalera que había tras una puerta entreabierta. La escalera hecha de madera crujía bajo sus pies. Los truenos y el sonido de las voces de los guardias que había en el exterior se escuchaban colándose por la abertura que había provocado la explosión en el laboratorio, unos pisos más arriba. El agua de la lluvia entraba y caía entre las maderas, generando una atmosfera cargante. El contraste de la fría gota cuando cayó en la nuca de Hob le hizo erizar el bello. Niggle apagó la pipa y la guardó cuidadosamente. Continuaron subiendo y al llegar al segundo piso se encontraron con dos habitaciones, una tenía la puerta cerrada y la otra dejaba ver lo que parecía ser un dormitorio, únicamente ocupado por una pequeña cama hecha de paja, un armario y una mesa pequeña, todos ellos de madera. Hob se acercó y observó el interior. La única luz que iluminaba la estancia entraba por el ventanal pero no vio nada de especial, salvo como el mar enrabietado se aproximaba a las desgastadas rocas del acantilado. La tormenta parecía más calmada, dando un respiro a la maltrecha torre.

Se giró y caminó hacia la otra puerta, la abrió lentamente. El interior estaba iluminado por una pequeña vela que ardía a punto de consumirse en un tocador, junto a ella había un libro abierto. Era otro dormitorio un poco más pequeño. Las cortinas del ventanal estaban cerradas y a diferencia de la otra cama, esta estaba desecha.  El humo comenzaba descender por la escalera expandiéndose por las habitaciones, Hob que encabezaba el paso hizo un gesto con el brazo a Niggle. Cerró la puerta y continuaron ascendiendo, su objetivo era encontrar al alquimista y tenían que buscar en el laboratorio. Cuando comenzaron a subir hacia el piso de arriba una ráfaga de aire que se coló desde el exterior apagó la vela del farolillo, quedándose a oscuras iluminados únicamente por la luz que entraba desde el ventanal, Hob se maldijo a sí mismo y retrocedió hasta el pequeño dormitorio. Abrió la puerta y se acercó a la vela que iluminaba a duras penas. Aproximó el farolillo lentamente a la amarillenta vela y este volvió a irradiar luz.

Otro sonido, esta vez seco, proveniente del piso superior les sorprendió, algo se había movido. Niggle que estaba en la escalera volvió a escuchar algo y se agazapó rápidamente mientras avisaba a Hob para que se acercara. —He visto algo. Algo moverse allí arriba. — susurró mientras señalaba escaleras arriba con la maltrecha daga. —Hay luz. — musitó al final. Hob se acercó a su compañero y apagó de un soplido el farolillo dejándolo en el suelo. Permanecieron en silencio unos segundos. Al no oír nada Hob miró arriba y observó una luz que se movía en una sala completamente llena de humo. —Hay alguien ahí arriba. —le dijo a su compañero en voz baja. —Con cuidado. —terminó iniciando la marcha. Ambos guardas subieron por la escalera y llegaron a lo que parecía ser la biblioteca, era bien conocida la inmensidad de libros que poseía el alquimista, se decía que tenía un millar de libros por toda la torre y los conocía todos como si los hubiera escrito él mismo, seguramente rumores, pensaban todos, pero tras la cortina de humo que tenían delante observaron una habitación abarrotada de estanterías llenas de libros de todas las medidas y grosores. Delante de una de ellas alguien escondido bajo una gruesa capa, sostenía una pequeña vela y rebuscaba entre los diferentes libros. — ¡Alto! — gritó Hob levantando la daga y echándose a un lado para que Niggle pudiera entrar en la sala."

Y nada más, hasta aquí el trozo de hoy. En unos días la tercera parte. ¡Gracias por leerme!