martes, 11 de febrero de 2014

Challenge Me!: Maldito tabaco

Tras un par de días sin publicar nada vuelvo a la carga. Espero esta semana avanzar un poco de faena y volver a coger ritmo ya que las dos últimas han sido más bien improductivas... Pues como cada "Challenge Me!" os pondré tras el relato las indicaciones que me propusisteis en su día. 
"La música estaba tan fuerte que se escuchaba desde la calle. Todas las noches el local estaba abarrotado, había largas colas para entrar y cientos de personas pasaban por delante de ella pero para casi todo el mundo era invisible. Raras veces sus amigas iban allí a visitarla, ellas preferían otro tipo de ambientes. Trabajar en el guardarropa junto en la entrada tenía su gracia, desde allí observaba peleas entre parejas, gente haciendo trapicheos entre los coches y sobretodo, muchos borrachos. Aquella noche comenzó muy tranquila, era Miércoles por lo que no se esperaba que el local se llenara. Al principio la gran mayoría de los que entraban no dejaban ropa, era verano y salvo alguna que otra chica, nadie dejó nada en el guardarropa.


Un grupo de chicos entró y se paró delante del mostrador. —Hola. —dijo uno de ellos al aproximarse. Era más bien bajo para ser un chico. Sus ojos oscuros hacían un contraste peculiar con sus facciones suaves. Una barba incipiente cubría su rostro resaltando su sonrisa. — ¿Hola? —volvió a repetir que al ver que ella no le hacía caso saludándola con la mano. — ¿Cuánto vale? —añadió mirándola a los ojos. —Dos euros por percha. —contestó ruborizada sin saber por qué. — ¿Y si en una misma percha caben dos chaquetas? —preguntó el más alto desde el fondo. —Eso no puedo hacerlo, tendría que cobrarte dos euros por cada chaqueta. —contestó de forma seca. Esta era la típica broma de listillo de turno, y siempre le molestaba. —Te lo he dicho Raúl, o pagas o te quedas con la chaqueta puesta. —dijo dirigiéndose al que había hablado. —Lo siento, no le hagas caso, es un poco capullo. —le dijo a ella mientras se giraba. —Además, es un poco tacaño. — concluyó esbozando una sonrisa. Le ofreció su chaqueta y ella le devolvió una sonrisa. —Aquí tienes tu resguardo. —dijo ella entregándole un papel. — ¡Volveré!— exclamó con una amplia sonrisa antes de marcharse.

No ocurrió nada interesante hasta pasadas las dos de la madrugada, cuando su compañero de piso David llegó con sus amigos del trabajo. Era un chico muy divertido, amigo de sus amigos y muy atento, cuando bebía todo este se magnificaba y hoy no era una excepción.  —David. ¿Cómo ha ido la cena? —quiso saber ella. —Bueno, un poco aburrida. —dijo apenado mientras miraba de reojo a sus compañeros que no paraban de reír. — ¿Estás seguro? No parecéis para nada aburridos. —insistió. David al escucharla no pudo contener más la risa y soltó una carcajada muy sonora. —Nos han avisado un par de veces. Por lo visto los vecinos se habían quejado. —contestó con una sonrisa de oreja a oreja. —Y para colmo, no querían darnos más vino. ¿Te lo puedes creer? —concluyó mostrando su enfado con una fea mueca. — ¿Quieres dejar algo de ropa? —le preguntó ella cambiando de tema. — ¡No! Lo que necesito es más alcohol. —dijo mientras se marchaba hacia el interior. — ¡Guapa!— gritó lanzándole un beso desde la distancia. Media hora más tarde le vio pasar con una rubia dirección a los lavabos. Esbozó una sonrisa y pensó que hoy tendrían invitados en casa, otra vez.

Eran las tres pasadas y tenía ganas de tomar un poco el aire. Salió al exterior, dejando un cartel informando que volvería en unos minutos. Se alejó un poco de la entrada y la brisa veraniega le acarició el pelo suavemente. Sacó un pitillo del bolso y lo encendió. Su madre siempre le decía que dejara de fumar, nunca le hacía caso, le gustaba evadirse con un cigarrillo en la mano. Entre calada y calada se encontró pensando en el chico con aquella sonrisa tan peculiar. ¿Dónde estaría ahora mismo? ¿Cuál sería su nombre? No sabía porque era pero no podía dejar de pensar en él. Pensó en entrar al interior de la discoteca y buscarle, pedirle su número de teléfono y quedar con él.

Mientras fantaseaba a lo lejos vio a una pareja besándose, medio ocultos entre los coches, parecían muy fogosos, ella como observadora privilegiada fumaba pausadamente, saboreando el momento. El chico trataba de meter las manos bajo la corta minifalda que ella vestía, pero cuando estaba a punto de conseguirlo le paraba los pies. Este a los pocos segundos volvía a intentarlo, obteniendo el mismo resultado, mientras ella le besaba por el cuello.

Sumida en sus pensamientos no se percató de que Gran Jon, el portero, se acercó a ella. —María. — la llamó asustándola. —Hay gente en el guardarropa, Gisela esta buscándote. —concluyó el enorme portero. — ¡Voy!— lanzó el cigarrillo y corrió hacía la entrada. Cuando llegó al guardarropa, Gisela estaba entregando la ropa a un grupo de chicos que armaban mucho escándalo, María les miró y se apenó al ver que no eran quien ella esperaba. Suspiró y la sonrisa de aquel chico se le pasó por la cabeza nuevamente. Pensó en entrar y darle su número, quería poder pararle las manos cuando él tratara de tocarle bajo el vestido, igual que había hecho aquella chica. Se mordió el labio mientras se lo imaginaba. Gisela la devolvió a la realidad con un chasquido a un centímetro de su nariz. Le pidió disculpas y ocupó su lugar tras quitar el cartel que minutos antes había dejado allí.

Esa última hora se pasó volando, el guardarropa comenzó a vaciarse rápidamente. Cuando el reloj marcó las cuatro las luces de la sala se encendieron y la música cesó. Los últimos clientes recogieron sus chaquetas y se marcharon. —Al fin. A casa a dormir. —murmuró al verlos marchar. Se despidió de Gran Jon y Gisela, y caminó hasta casa. A esas horas una se podía encontrar de todo por la calle. Se cruzó con un chico que iba hecho un pincel, arrastrándose como un zombi, con un grupo de chicas que buscaban un sitio donde echar la última copa y con una pareja que no tenía reparos en hacérselo en un banco del paseo.

Llegó a casa a eso de las cinco menos diez, la zona era tranquila por lo que la calle estaba en silencio. Abrió la puerta y entró en el interior, esperando al ascensor la sonrisa de aquel chico le volvió a venir a la cabeza. No lo había visto recoger su chaqueta pero no quedaba nada cuando se cerró el guardarropa, así que supuso que se había marchado mientras estaba fumando. —Maldito tabaco. —se dijo a mi misma. Al llegar a su destino el ascensor pitó y María se percató de que sin darse cuenta su mano se había deslizado bajo su ropa interior, la extrajo sonrojada.

Al salir del ascensor escuchó risas y voces procedentes del interior de su piso. —Lo sabía. —murmuró. Intento entrar haciendo ruido para no encontrarse con una situación embarazosa, pero no sirvió de nada. David estaba sentado en el sofá, desnudo, alguien se encontraba en su entrepierna dándole placer, mientras él disfrutaba enormemente. Tosió para llamar su atención y David se giró repentinamente al verla. Cuál fue su sorpresa al ver al chico que estuvo rondando en su cabeza toda la noche emerger de entre las piernas de su compañero de piso. Sin saber que decir o hacer les dio las buenas noches y se marchó a su habitación."

Las reglas que había que seguir eran la de tener un protagonista femenino, que salieran las palabras, guardarropa, madre y pincel y que el relato tuviera una escena erótica. Si queréis participar en el siguiente "Challenge Me!" no dudéis en hacer vuestras propuestas.

Espero que os haya gustado, tanto si como no, comentarme y decirme que os a parecido. ¡Gracias por leerme!