lunes, 7 de abril de 2014

Resburg City: ¡El superhombre!

Primero pediros disculpas por la tardanza de un nuevo relato, como sabéis los dejo una temporadita en el horno, y hasta que no los veo al punto no me gusta publicar nada.  Es un extracto de una historia más larga en la que llevo un tiempo trabajando. Espero que lo disfrutéis y sobretodo me deis vuestra opinión.


"Se despertó con una resaca de las buenas y no se acordaba de casi nada. La boca seca, el estomago revuelto y un dolor en la cabeza le hicieron pensar que quizás ayer había bebido demasiado. Miró el reloj y descubrió sorprendido que eran pasadas las tres. «Joder. Siempre igual.» se maldijo a si mismo mientras se quitaba las sabanas de encima.
Cuando se incorporó, un pinchazo que le taladró la sien, le obligó a llevarse las manos a la cabeza como si eso fuera a evitar que le doliera. Se masajeó la cabeza y suspiró dolorido. Abrió los ojos y observó la habitación, no se había acordado de correr las cortinas ni de bajar la persiana por lo que el sol invadía la habitación. Tras meditar unos segundos bajó de la cama y salió del cuarto.
«¿Seguirán durmiendo?»  se preguntó de camino al lavabo.  Se miró en el espejo y unas ojeras le devolvían la mirada bajo unos ojos verde esmeralda. Se lavó la cara y se enjuagó la boca para quitarse esa sequedad y pastosidad consecuencia del alcohol.

Tras mear volvió a la habitación y cogió su teléfono, tenía dos llamadas perdidas de su madre a las 12 del mediodía. Mientras le escribía para enterarse del motivo de su llamada, caminó hasta la cocina en busca de algo que llevarse a la boca. «Un ibuprofeno. Eso es lo que necesito para este dolor de cabeza.» pensó al abrir la nevera. Allí encontró una pizza que colocó en el microondas , lo enchufó y se acercó otra vez al lavabo. Allí rebuscó en los armarios hasta dar con los ibuprofenos, cogió un par, y se los tomó.

Cuando volvía a la cocina, el sonido del teléfono en su bolsillo le avisó de que le habían escrito. Lo cogió y se sorprendió al ver el remitente, «¿Pero qué coño?» pensó mientras lo leía.

—¿Qué, cómo estoy? — musitó para su sorpresa. «¿Cómo voy a estar?»

La autora del mensaje había sido Dúnia, una amiga a la cual hacía siglos que no veía. Aún sorprendido por ello, mientras la pizza se hacía, se entretuvo hablando con ella. Por lo que le pudo contar, se habían encontrado la noche anterior. Justo cuando Tom, Nate y él se iban para casa. Se habían cruzado en la puerta de la discoteca, él iba contentillo y le había propuesto de quedar algún día.

El pitido del microondas le devolvió a la realidad. Volvió a abrir la nevera, cogió una botella de agua y se dirigió al comedor. Una vez sentado en la mesa enchufó la tele y Tom alterado por el sonido apareció de debajo de las mantas y cojines que cubrían todo el sofá.

—¡El superhombre!— dijo Tom al verlo sentado en la mesa.

—¿Eh? —exclamó sorprendido.

—¿Acaso no te acuerdas de nada o qué?— quiso saber Tom limpiándose las legañas de la cara.

—La verdad es que no. Dúnia me ha preguntado por como acabó la noche. Si estaba bien y tal. —explicó dando un sorbo a la botella.— Yo ni siquiera me acuerdo de haberla visto. — terminó echándose a reír ante la laguna mental.
—Pillaste una buena chaval.— contestó Tom mientras se levantaba del sofá y se sentaba a su lado en la mesa. —A Dúnia nos la cruzamos cuando nos íbamos a la playa. —concluyó.

—¿A la playa? ¿Fuimos a la playa para qué? — dijo atónito.

—¡Joder! ¿En serio? —replicó Tom. —¿Acaso recuerdas algo de anoche?— preguntó su amigo cada vez más intrigado.

La verdad es que no se acordaba de gran cosa. Habían salido de fiesta al garito de siempre como cada Viernes. Habían cenado en un kebab de al lado y habían bebido un poco. «No me jodas... «¡Yo conducía!»

—Dime que Nate condujo hasta casa, Tom.

Una negativa con su cabeza hizo que una serie de imágenes le inundaran la cabeza. Un vago recuerdo aparcando al lado de la playa, una enorme valla delante suyo y un volantazo en medio de la autovía a 90km/h. «Joder, si apenas bebí.» Su rostro palideció y dejó el trozo de pizza en el plato.

—¿Qué? ¿Te acuerdas ahora?— intervino Tom. —Tenías que haber visto la cara de Nate cuando intentaste dar un trompo con el coche. Casi te mata. — añadió riéndose a carcajadas.

—¿Y fuisteis tan gilipollas de dejarme conducir?—espetó en un tono a medio camino entre la rabia y la vergüenza.

—Yo no tengo carnet, a mí que me cuentas. Dijiste que ibas bien. Y Nate te creyó.—dijo excusándose.

—¿Nate me creyó? ¡Venga hombre!— exclamó levantándose de la silla y caminando por el comedor de forma nerviosa—Si no me acuerdo de nada como iba a verme bien para conducir...—se llevó las manos a la cabeza y se dejo caer en el sofá.

Tom agarró un trozo de pizza y se disponía a levantarse cuando Nate entró por la puerta. Tom le saludó con una amplia sonrisa y señaló al sofá por lo que Nate se acercó.

—¿Tú eres tonto o qué te pasa?— dijo dándole una colleja a su amigo.

La cabeza le retumbó, la resaca aún le duraba y la hostia no hizo otra cosa que empeorar las cosas. Bajó la cabeza arrepentido y se llevó otra vez las manos a las sienes. Maldiciéndose en su interior.

—¡Quieres dejar mi comida!—gritó al ver como Tom tras acabarse el trozo de pizza agarraba la botella y se disponía a beber.

—Bueno, no te pongas así, ya la dejo, ya la dejo.—dijo Tom mirándole con cara de pena.

—¡No me mires así! Si tienes hambre te haces la comida.—dijo exaltado.


La cabeza le zumbaba ante sus propios gritos por lo que bajo la voz y se calló. Se levantó y se sentó en la silla. Como el ambiente estaba un poco tenso, Nate y Tom se marcharon. El primero a ducharse y el segundo a hacerse la comida."

Si os ha gustado hacérmelo saber para ir trabajando en ello y así poder daros un poco más de esto.

¡Gracias por leerme!