miércoles, 2 de julio de 2014

Resburg City: Morirme de calor


Como habréis notado esta vez no he colgado un relato del "Taller", ya que seguimos de vacaciones. Por lo que he podido trabajar en otros ámbitos no tan habituales. Es un relato de corte erótico, así que puede  haber salido cualquier cosa. Hace tiempo me pidieron una escena erótica en uno de mis escritos, escena que acabó siendo apta para todos los públicos... Así que desde aquel momento he tenido una espinita clavada, que he podido medio desquitarme con esto.

"Eran las tres de la mañana y no había nadie por la calle. Miró el móvil, nada, ningún mensaje ni llamada. No quería irse a casa, por lo que buscó entre sus contactos a alguien, que estuviera en línea. Abrió la agenda e investigó. «¡Bingo!» exclamó para sus adentros. Llamó por teléfono esperando que respondieran. Sonaron un par de tonos que se le hicieron eternos y cuando había perdido toda esperanza al fin descolgaron.

—¿Hola? —contestó una mujer en voz baja.

—Hola. ¿Qué tal?

—¿Qué haces despierto? —quiso saber ella.

—Estaba por ahí y con la calor que hace no quería irme a casa. ¿Y tú?

—Esperarte. Sé que es tu hora preferida del día —exclamó para asombro de él quién rompió el silencio que reinaba en la calle con una carcajada.

—Sí, claro... —contestó sin saber que decir—. ¿Y qué hacías mientras me esperabas?

—Pues morirme de calor mientras miraba la tele...

—Aquí en la calle cuando la brisa corre se está fresco. ¿Te vienes a tomar algo?

—¿Tomar algo? Tendría que vestirme, se está muy bien desnudita...

Esas palabras penetraron en su cabeza, le bloquearon, le entrecortaron la respiración. «¿Desnuda?" se dijo a sí mismo al tiempo que la palabra se le repetía una y otra vez en su interior.

—¿Jack, sigues ahí? —le dijo ella haciéndole volver a la realidad.

—Sí, sí. ¿En serio me lo dices? —consiguió decir. Esta vez fue él quien escuchó una risa por el teléfono—. Eres una bocas... No puedes ir diciéndome esas cosas y luego hacerte la loca —dijo en un tono a medio camino entre el enfado y la suplica.

—No tengo porque mentir...

—¡Quiero pruebas! —exigió. De nuevo volvió a escuchar otra risa que le hizo sentirse estafado. Un sonido del teléfono le hizo mirar la pantalla. Había recibido un mensaje de ella— ¿Qué me has enviado?

—Míralo —se limitó a decir.

Jack miró el mensaje y era una foto. Una foto de sus piernas desnudas sobre la cama. «¿Está haciendo lo que yo creo que hace?» Volvió a observar la foto, se veía muy oscura, pero se perfilaban sus piernas sobre las sábanas blancas. «¿Quieres jugar? Pues juguemos...»

—No se ve nada... —dijo Jack.

—¿Cómo que no se ve nada? —contestó ella sorprendida por lo que acababa de oír.
—Lo que oyes...
 Podrías llevar un pantalón corto y no se vería...

—Hombre, estoy con la luz apagada —contestó ella a la defensiva—. Si lo sé no te envío nada...

—No, no —respondió él—. Pensaba que me ibas a pasar una foto de tus tetas —mintió—. Sabiendo lo orgullosa que estas de ellas... Pensaba qué...

—Pensaba que preferirías verlas en directo y no en foto... —se limitó a decir—. Te lo perdono porque realmente no estoy desnuda... Llevo un tanga.

Jack que caminaba sin rumbo aparente paró en seco y observó la calle. Trató de hacer memoria, recordando donde vivía ella, sabía que no muy lejos. «Vamos Jack, con dos cojones...»

—No estoy muy lejos de tu casa... —Ella guardó silencio—. Si no me estas vacilando podemos tomar algo en tu casa.

—No te atreves.

—¿Qué no? —contestó dolido—. Vives cerca de la estación de trenes ¿verdad?

—Sí. ¿Recuerdas el piso? —dijo con un tono de voz más acelerado.

—No... —dijo apenado. Volvió a mirar la calle, se ubicó y comenzó a caminar—. En cinco minutos llego. ¿Qué piso es?

—Segundo, tercera. ¿En serio que vas a venir?

—¿Te estás rajando, Penélope? —contestó con chulería.

—Para nada. Aquí te espero. Te cuelgo que voy a recoger un poco la casa —dijo exaltada—. Un beso, hasta ahora.

Tras colgar Jack comenzó a caminar con paso acelerado, sin dejar de mirar la foto que le había enviado. «Vaya piernas..» pensaba cada vez que las observaba. Perdido en sus curvas, estuvo a punto de cruzar la calle con el semáforo en rojo, pero el claxon de un coche le sobresaltó evitándolo. Tras unos minutos, observó en la lejanía, la estación y justo al lado, el bloque de Penélope, por lo que volvió a acelerar la marcha. «Segundo, tercera.» se repitió mentalmente mientras esperaba en el paso de cebra. Se percató desde allí, en una farmacia que había en el mismo edificio.

—Mierda... ¡Condones! —exclamó llevándose la mano a la cartera tras verla.

La abrió y descubrió con horror que no llevaba ninguno encima, sin esperar a qué el semáforo se pusiera en verde, cruzó con cautela y corrió hasta allí. Estaba cerrada pero para alegría de él, había en la entrada una máquina expendedora. «Menos mal...» Sacó un par de monedas y las introdujo. Una cajetilla cayó por la ranura, la recogió como si fuera su bien más preciado y acto seguido se acercó al portal. Llamó, y tras unos segundos esperando, el sonido de la puerta abriéndose le sacó de sus sucios pensamientos, la empujó y se encaminó al ascensor.

Al llegar a su destino y abrir la puerta se encontró con Penélope, recibiéndolo desnuda a excepción de un tanga color carne. Sus enormes pechos le miraban directamente a los ojos, las  esbeltas y largas piernas que en sus fantasías le rodeaban le esperaban bajo el umbral de la puerta. Ella con una sonrisa de oreja a oreja le observaba con atención. Notó como el pene se le endureció al momento.

—¡Ahora sí! —exclamó ella percatándose de ello—. Espero que no te moleste que haya empezado a beber sin ti —dijo enseñándole la copa de vino que sostenía en la mano—. Quería darte una cálida bienvenida y necesitaba ayuda —concluyó riéndose tímidamente.

—Eres una calientapollas, lo sabías ¿Verdad? —le recriminó él. Ambos estallaron en una sonora carcajada que rápidamente tuvieron que silenciar. Se acercó a Penélope colocando la mano en su cintura y le dio un beso en la mejilla, rozando sus labios.

—¿En la mejilla? —exclamó ella burlona.

—Hay que ser educado... —rió—.  Además, si empezamos aquí no llegaremos al dormitorio... —dijo haciéndola pasar al interior y cerrando la puerta tras ellos.

Una vez en el interior ella le acompañó hasta el comedor, en la mesa había una botella de vino y una copa vacía. Jack la seguía cogido a su mano, observando el movimiento hipnótico de su trasero. «Bonito tanga» pensó para sus adentros. Penélope le soltó la mano y dejó su copa sobre la mesa para poder llenar la otra y ofrecérsela a su invitado.

—Toma —le dijo acercándole la copa y cogiendo la suya con la otra mano.

—Gracias —contestó alzándola para brindar con ella—. Salud. Por nosotros.

—Por nosotros —dijo apoyando la copa en la mesa—. Ya sabes, quién no apoya no folla...

Jack la miró con incredulidad y sin apoyar se bebió todo el contenido de un trago, soltado un suspiro tras ello.

—A ver si es verdad... —dijo burlón dejando la copa sobre la mesa mientras reía para sus adentros. Ella sin apartarle la mirada hizo lo propio con su copa.

—¿Te enseño el piso? —pregunto ella con inocencia.

—¿Todo el piso? Yo pensaba que solo me querías enseñar el dormitorio...

Jack no supo si a él, el vino comenzaba a hacerle efecto, pero vio como Penélope estaba cada vez más roja. La observó sin decir nada y ella comenzó a morderse el labio y se tapó los pechos con las manos.

—No tengas vergüenza —le dijo él cogiéndole las manos y poniéndoselas detrás de su nuca— Tienes un cuerpo espectacular.

Penélope se acercó a sus labios y los besó. Fue un beso cálido y húmedo. Jack la cogió en brazos y la elevó, obligándole a que le rodeada con sus piernas. Caminó hasta el sofá y se sentó con ella encima suyo. Sus manos fueron directas a la camiseta y con un rápido gesto la lanzó al suelo. Penélope le besó el cuello mientras disfrutaba de las caricias que recibía en los pechos.

—¿Te gusta? —preguntó obteniendo un gemido como aprobación.

Penélope comenzó a notar el efecto de vino en su cuerpo, por lo que decidió bajar la mano hasta la entrepierna de Jack. Le desabrochó el botón y con lentitud le bajó los pantalones dejándolo en ropa interior.

—Ahora estamos en igualdad de condiciones —dijo ella mientras le acariciaba el pene por encima de la ropa.

Jack permaneció inmóvil, observando atónito sus movimientos. Una de sus manos se elevó hasta sus pechos, pero ella lo paró.

—Aquí mando yo —le cortó Penélope. Le cogió de la mano y lo levantó del sofá—. Ven aquí. Quiero que estés cómodo...

Jack obedeció y la siguió muy de cerca. Lo guió hasta el dormitorio y lo lanzó con un empujón sobre la cama.

—Quítatelo —le ordeno señalándole el bóxer. Y  tan rápido como su manos se lo permitieron, se lo quitó.

Se abalanzó sobre él, dejando sus pechos a escasos centímetros de su cara. Espero una reacción de él que no llegó, así que tomó la iniciativa de nuevo. Con la mano derecha comenzó a masturbarle sin quitarle la mirada de encima, observando con atención su reacción. Jack se mordió el labio, notaba la mano fría, pero un calentón recorría todo su cuerpo haciéndole erizar el bello. Se acercó a uno de los pechos y comenzó a lamerle el pezón, mientras rozaba el otro con la yema de los dedos.

Penélope gemía de placer cuando se agachó y comenzó a hacerle una felación. Jack que no pudo hacer otra cosa que disfrutar de ello, la miraba con lujuria, esperando que ella le mirara mientras se la chupaba. La cara de Jack reflejaba el placer que sentía, los ojos en blanco y la respiración entrecortada la excitaban cada vez más.

—No te vayas a correr todavía, campeón —dijo ella. Al no obtener respuesta paró y se acercó a su oído—. ¿Acaso no me la quieres meter?
—Claro que sí —la cogió en brazos y la tumbó en la cama, colocándose sobre ella—, pero primero...—comenzó diciendo mientras le quitaba el tanga con la boca—. Quiero saborearte.

Un gemido seco le indicó que el movimiento de su lengua era el correcto. Ella movida por el placer, llevó sus dos manos a la cabeza de Jack siguiendo el movimiento de este. «Caliente y mojado» se dijo mientras lo acariciaba con el dedo.

Escuchó otro gemido de Penélope, esta vez más sonoro, cuando lo introdujo en su interior. El primer orgasmo de ella no tardó en llegar.

—Me corro... Me corro... —dijo a duras penas—. ¡No pares! —La sola idea de que se correría en su boca le excitó todavía más.

Penélope comenzó a gritar de placer, olvidándose de la hora que era. Jack tuvo que hacerle un gesto para que se tapar la boca con ambas manos, ahogando el gemido.

—Métemela, Jack, métemela —dijo tras correrse y recobrar el aliento.

—¿Y si no quiero? —le contestó él acariciando con la punta del pene su clítoris.

—¡Métemela! ¡Métemela joder! —gritó ella.

Jack introdujo la punta con suavidad, mientras con la mano acariciaba el clítoris. Ella con movimientos de cadera intentaba que le penetrara más profundamente, sin éxito.

—No, no —dijo forcejeando con ella—. Ahora mando yo. Voy a ir muy despacio.

Para alegría de Penélope con cada envite la penetraba más, sintiéndola dentro suyo, lo que provocó que volviera a gritar.

—Baja la voz —le pidió Jack sin parar.

—Me da igual que me oigan los vecinos... —consiguió decir entre gemidos—. Esta muy dura me encanta, no pares...

—Tengo que parar no tengo el condón puesto —dijo de pronto parándose en seco.

—Sigue, sigue —gimió ella—. Estoy a punto de volver a correrme...

—Y yo también, joder... —consiguió decir Jack entre gemido y gemido.

—¡Córrete encima mío, pero no pares! —le pidió para alegría de Jack quien volvió a penetrarla—. ¡Me corro!

—Estoy a punto Penélope... —gimió él.

Jack tras unas cuantas penetraciones tuvo que sacarla a toda prisa, eyaculando sobre sus pechos mientras Penélope gritaba y gemía alocadamente. Una vez volvió a respirar con normalidad, se acercó al pene erecto y comenzó a lamerlo de nuevo.

—Para, para. Esta delicada...—dijo Jack apartándole el pelo de la cara—. Suavecito...—pidió al ver que no le hacía caso."


Espero que os haya gustado, pero tanto si lo ha hecho cómo si no, dejad vuestras sugerencias y opiniones al respecto.

¡Gracias por leerme!