miércoles, 15 de abril de 2015

Concursos: Ascensor

No es la primera vez que me quedo encerrado en el ascensor. Cuando era pequeño siempre hacíamos el tonto para asustar a nuestros amigos, dando saltitos, tocando la sirena o abriendo las puertas entre planta y planta. Pero hoy es diferente.

Acabo de volver del cine y tengo en la cabeza las imágenes de la película de terror que hemos visto, unas de esas películas que te hacen sentir inseguro cuando vas por la calle de camino a casa y escuchas pasos detrás tuyo, o en el coche, cuando miras de reojo a través del retrovisor esperando que nadie haga acto de presencia en los asientos posteriores.
Vivo en un bloque bastante viejo, el edificio no es muy alto, de tan solo cuatro plantas, pero siempre uso el ascensor pese a que su lentitud hace los viajes eternos. Las puertas se abren como un abanico, para dar paso a un minúsculo habitáculo de paredes rojas y con un gran espejo justo enfrente de la entrada, iluminado por un fluorescente que de vez en cuando falla y parpadea durante unos segundos.

Ya llevo un rato encerrado en el ascensor, la cobertura del móvil brilla por su ausencia, y al parecer los vecinos hacen caso omiso de la alarma. Nunca me había preocupado si me quedaba encerrado solo o acompañado, pero hoy es diferente. Tampoco me he considerado una persona claustrofóbica, pero ahora parecía que el Yo claustrofóbico quisiera salir desde lo más profundo de mí. 

Una inseguridad comienza a invadirme y tengo la necesidad de respirar aire fresco, de poder hablar con alguien y quitarme al asesino de la dichosa película de la cabeza. Abro la puerta desde dentro y lo primero que veo es un número tres a la altura de mis ojos. Perfecto, me he quedado a un maldito metro de llegar a mi planta. Golpeo a la puerta exterior con todas mis fuerzas, esperando que alguien me oiga, aunque sé que en la cuarta planta solo vivo yo, ya que el piso de enfrente esta deshabitado. Pido ayuda y vuelvo a mirar mi móvil con la esperanza de que la cobertura me saque de esta situación, pero sigue sin tener señal.

La puerta no se cierra y me dejo caer abatido al suelo. La luz cada vez parpadea más, y solo escucho el sonido de los cables en lo alto. Alzo la mirada y cierro los ojos tratando de respirar profundamente pero siento cada partícula de oxigeno que entra en mis pulmones, viciada, haciéndome desear respirar aire fresco cuanto antes. Tras unos segundos, me encuentro respirando forzadamente y con un sudor frío corriéndome por la frente. Me levanto y vuelvo a pedir ayuda, esta vez con una fuerte ansiedad invadiéndome cada vez más rápido, aprieto otra vez todos los botones y golpeo las paredes del ascensor lo que provoca que los cables hagan más ruido, y el fluorescente se pare por completo. Corriendo toco el móvil para tener algo de luz, descubriendo horrorizado que apenas alumbra, enfoco al panel de mandos y toco nuevamente la sirena, pero esta vez no hace sonido alguno. Grito desesperadamente para que alguien me oiga, pero sigo sin encontrar respuesta, vuelvo a golpear las paredes desesperadamente al tiempo que noto como cada vez me cuesta más respirar.

Me reclino contra la pared, miro hacia el espejo y justo en el momento que comienzo a ver mi reflejo paro rápidamente el móvil, asustado por lo que pueda ver reflejado en él. Me dejo caer y vuelvo a encender el móvil apuntado hacia el suelo. Entonces es cuando veo algo que me pone la piel de gallina. La puerta seguía abierta y podía ver la pared donde antes había visto el número de la planta. Había algo escrito un poco más abajo, en una letra muy fina, el color rojo en el que estaban escritas las hacía resaltar mucho con el blanco de la pared. Sorprendido por mi hallazgo me aproximo un poco más para leer mejor.

No mires detrás tuyo

En ese momento aparece la eterna disputa interior cuando te dicen que no hagas algo pero ardes en deseo de hacerlo. Por lo que haciendo caso omiso de la advertencia me giro.

La luz vuelve a funcionar y el ascensor se pone en marcha automáticamente. Respiro aliviado y me levanto a toda prisa. Al llegar a mi planta, abro la puerta tan rápidamente como es posible mientras rebusco en mis bolsillos las llaves de casa y corro hacia la puerta. Esta vez sin mirar atrás. 

(Reglas: Historia de terror o suspense)



Ascensor: ¡Ponle nota!

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