miércoles, 8 de abril de 2015

Relatos: Teatro Ford

4 de Marzo de 1865

—Una paz justa y duradera entre nosotros y con todas las naciones —finalizó.

El público que se había movilizado para escuchar el discurso inaugural del presidente le vitoreó. Tras una guerra civil desastrosa para la nación, hablar sobre la paz entre los dos bandos era bien recibido por todos.

Booth que estaba escuchando el discurso con atención se volteó y se marchó lleno de ira. El ejercito unionista estaba a punto de ganar la guerra, él y otros muchos confederados no recibían con los brazos abiertos aquel desenlace.

—¿Dónde vas? —le preguntó Surratt.

—Tenemos que hacer algo al respecto —contesto Booth—. Hay que reunirse con Powell y Atzerodt cuanto antes...

17 de Marzo de 1865

—¿Secuestrarlo? ¿Cómo? —quiso saber Powell.

—Para eso nos hemos reunido aquí, para urdir un plan...
—¿Qué vamos a conseguir con ello?

—Exigiremos que liberen a los prisioneros de guerra, para así poder continuar con ella y acabar con esos cerdos unionistas —explicó Booth.

6 de Abril de 1865

—¡Inadmisible! —bufó Atzerodt—. ¿Abolir la esclavitud? ¡Jamás!

—Chicos —intervino Surratt—, hay que acabar con él. Es la única forma de parar todo esto...

—Si —exclamó Booth—. Con él y con su gabinete. Yo me encargo de Lincoln, he escuchado que va a asistir a la función de "Our American cousin" en el Teatro Ford. He actuado muchas veces allí, podré entrar en la zona de empleados y nadie sospechará de mis intenciones. 

—Dejarme a mí al vicepresidente —intervino Atzerodt—. Powell encárgate tu del secretario de Estado, y tú —dijo volviéndose hacia Surratt—, tienes que buscarnos un lugar donde escondernos tras los asesinatos...

—El secretario estará el miércoles que viene en su casa de Lafayette Park —intervino Booth—. Y el vicepresidente estará hospedado en el Kirkood Hotel —concluyó mirando a Atzerodt. 

14 de Abril de 1865

Las campanas dieron las nueve cuando Booth llegó a Washington. Con un revólver oculto bajo la chaqueta se encaminó hacia la entrada. Se adentró en el hall y observó la estancia. Había mucha gente yendo y viniendo, dirigió la mirada a la puerta de empleados y caminó hasta allí. Antes de entrar en ella echó un último vistazo al hall y bajó las escaleras. No se topó con nadie hasta llegar a los camerinos, donde un par de extras que ensayaban su guión ni se inmutaron al verlo, por lo que pasó sin decirles nada y continuó hasta llegar al escenario. 

Se acercó a uno de los laterales y observó las gradas donde los espectadores continuaban entrando y tomando asiento de manera ordenada. Elevó la vista buscando el palco presidencial pero estaba vacío. Miró su reloj de bolsillo y se irritó al ver que tan solo faltaban un par de minutos para que comenzara la función. Se volteó y descendió hacía los camerinos de nuevo. Los actores comenzaban a colocarse en sus posiciones y el director de la obra salió a hacer la presentación para alegría de los presentes.

—Todavía no ha llegado el presidente —susurró una voz por detrás suyo—. Pero no pueden demorar más el inicio...

Booth se giró y observó a dos técnicos hablando entre ellos. Se marchó con el ceño fruncido y caminó hasta uno de los bancos, unos aplausos llegaban desde el escenario y se sentó a desgana permaneciendo abatido unos minutos hasta que unos pasos acercándose a él le alertaron.

—¡Ha llegado el presidente! —gritaba una mujer que corría.

Booth se levantó de un salto y se llevó la mano al revólver. Observó dónde estaba y corrió por un pasillo situado a su derecha. Era un camino directo a los palcos, subió por las escaleras y volvió a escuchar más aplausos. Al parecer había finalizado el primer acto.

Cuando llegó al pasillo que conectaba los diferentes palcos escuchó una ovación dirigida al presidente. Sacó el arma y miró a ambos lados. Se acercó a la puerta del palco y espero unos instantes mientras tragaba saliva. Le pareció escuchar lo que parecía ser el inicio del segundo acto, y aprovechó el sonido de las carcajadas y los aplausos para abrir la puerta sin ser escuchado.

Con pasos lentos se acercó al presidente y le colocó el revólver en la cabeza. El disparo alarmó a todos los presentes, interrumpiendo la función. Booth lanzó el arma y saltó a la barandilla, trató de agarrarse en las cortinas y descender hasta las graderías, pero las telas no aguantaron su peso y cedieron haciéndolo caer desde una altura considerable. Recibió un fuerte golpe en la pierna que le hizo sentir un dolor por todo el cuerpo, apenas la pudo apoyar cuando trató de levantarse en el mismo momento que uno de los técnicos del teatro se abalanzaba sobre él y le golpeaba con fuerza. Consiguió huir gracias al caos que reinaba en la sala llegando al hall. Una vez en la entrada del teatro, observó cómo la gente, desconcertada, corría por todos lados, sin saber exactamente qué había pasado. Se camufló entre ellos y salió del edificio perdiéndose entre la multitud que huía del lugar.

Teatro Ford: ¡Ponle nota!

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