miércoles, 28 de octubre de 2015

Challenge Me!: Garabatos


—¿Y esto? —dijo señalándole la libreta—. ¿Qué cojones significa?

—No lo sé, Tom —contestó Claire frunciendo el ceño—, es lo que escribió cuando estaba en trance. Ya te lo he dicho antes…

—¿En trance? —espetó mirándola con desprecio.

—No sé porque me molesto en explicarte las cosas —bufó ella dándose la vuelta—, eres un imbécil…

—Mira guapa… —recalcó cogiéndola del cuello y empotrándola contra la pared—. ¿No querrás obligarme a montar otro espectáculo verdad?

—¡Suéltame! —gritó pataleando—. ¡Que me sueltes! Cabrón de mierda…

—Tendrás que cuidar esa lengua si no quieres acabar dentro de un saco en el fondo del río…

Claire dejó de resistirse ante aquella amenaza y se calmó. Tom al ver como dejaba de forcejear le dedicó una mirada cargada de odio y la soltó entre risas. Se volvió hacia la mesa y se sentó dándole la espalda a Claire quien se había llevado las manos al cuello y se lo masajeaba.

—¿Dónde está ahora? —habló al tiempo que cogía la libreta.

—En su celda —contestó ella respirando con dificultad.

—Tráelo, quiero hablar con él.

Claire asintió con desgana, salió del cuarto y caminó por el estrecho pasillo que conducía a las diferentes celdas. Pasó por delante de varías puertas antes de detenerse delante de la única que estaba custodiada.

—Tom quiere hablar con él —le indicó al guardia. 

Este asintió, colocó la palma de la mano en el panel de apertura y un sonido confirmando la identidad abrió la puerta. Las paredes de la diminuta habitación estaban completamente escritas. En uno de los rincones se encontraba un hombre con barba y pelo largo, estaba de rodillas escribiendo en el único espacio que queda libre, la bata abierta por la espalda dejaba su cuerpo desnudo al descubierto.

—Gilbert —habló tras observarlo en silencio unos segundos—, Tom quiere verte.

El hombre que hasta entonces no había dejado de escribir en la pared al escuchar su voz se volteó y la miró.

—¡No! —gritó—. No quiero hablar más con él. Ya le he dicho todo lo que sé…

—Ya sabes cómo se pone Tom cuando no consigue lo que quiere… ¿Quieres que se enfade conmigo también? —le dijo mostrándole las marcas en el cuello fruto de la reciente agresión.

—¡Cobarde! —gruñó mirando al guardia.

—¿Vas a venir?

Gilbert asintió y se levantó. El guardia le indicó con un gesto que caminara delante suyo mientras se dirigían a la sala. Cuando Claire entró tras ellos se colocó al lado de la puerta y miró al guardia.

—Puedes irte —ordenó finalmente al ver que no le prestaba atención.

—Pero no muy lejos, en breve necesitaré de tus servicios… —añadió Tom sin quitarle el ojo de encima a Gilbert.

Cuando el guardia hubo cerrado la puerta Tom indicó con un gesto al preso que tomara asiento.

—¿Te ha dicho Claire de lo que quiero hablar contigo?

—No.

—Mujer estúpida… —musitó Tom mirándola de soslayo—. Te he sacado de tu sucia jaula para que me expliques que son estos garabatos.

Le lanzó la libreta a Gilbert quien la recogió y la abrió. Claire pudo ver como se le iluminaron los ojos, este la miró y volvió a bajar la vista.

—¿Puedes entenderlos?

Tom se echó hacia delante cruzándose de brazos mientras Gilbert pasaba una hoja tras otra a gran velocidad.

—¿Puedes entenderlos? —repitió Claire.

Gilbert la miró otra vez a los ojos y esbozó una sonrisa.

—¡Por fin! —exclamó Tom alzando los brazos en señal de victoria—. Ahora…

Claire no le dejó terminar la frase, le golpeó con tanta fuerza en la cabeza que cayó sobre la mesa. Gilbert aprovechó ese momento de desconcierto para abalanzarse sobre él y cogerle por el cuello. Claire ahogó un grito con las manos al ver como los ojos de Tom se quedaban en blanco y el rostro comenzaba a ponerse morado al tiempo que intentaba zafarse. Tras unos segundos de forcejeo Tom perdió el conocimiento y Gilbert le soltó.

—Tenemos la clave, Claire. —Sonrió—. La tenemos.

Abrieron la puerta con cuidado y observaron al guardia. Se encontraba al final del pasillo y no se había percatado de lo ocurrido. Claire le indicó a Gilbert que se ocultara tras la puerta y ella salió al pasillo.

—Ya puedes llevártelo —anunció señalando al interior de la sala—, Tom ha terminado con él.

—¿Ya? —preguntó mientras se acercaba a ella—. Sí que ha cantado rápido esta vez…

El guardia pasó por delante de ella y entró en la sala en el mismo instante en que Gilbert le golpeaba con la puerta violentamente. Cayó de espaldas, y sin tiempo para poder reaccionar vio el cuerpo de Tom en el suelo y al preso cayendo sobre él. Gilbert comenzó a golpearle en el rostro hasta hacerle perder el conocimiento.

—Ya está bien —intervino Claire al verle los puños cubiertos de sangre—, ya tenemos lo que queríamos. No hace falta que lo mates…

—Es cierto, perdón —dijo levantándose y abrazándola—. Somos libres. 

—Huyamos.

(Reglas: Debían de aparecer las palabras: río, espectáculo, libreta y jaula)

Garabatos: ¡Ponle nota!

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