miércoles, 9 de marzo de 2016

Relatos: Uno, dos...

En el mismo instante en que Lucía se giró comencé a moverme con rapidez. Las dos últimas veces lo había dicho nada más llegar a la pared por lo que ahora tocaba hacerlo despacio. 

—Uno, dos —comenzó a contar—, tres, picaaaa...

Me detuve. 

—¡Pared! —concluyó dándose la vuelta—. Marisa, te he visto —añadió señalando a una joven de pelo negro.

—¡Imposible! —se quejó alzando los brazos.

—¡Te has vuelto a mover!

Marisa bajo los brazos abatida y se alejó de allí. Con un rápido movimiento de ojos observé la situación. Teresa estaba un par de pasos por delante de mí y Ricardo permanecía en la misma posición que al inicio. Lucía me miraba fijamente, escudriñándome con aquellos ojos marrón claro.

—No te muevas, ¿eh? —Sonreí para mis adentros ante aquella típica provocación.

Lucía volvió a darse la vuelta y comenzó a contar rápidamente. Sin desplazarme observé el movimiento de Teresa quien avanzó unos pasos para pararse inmediatamente después, esperando la reacción de Lucía. Decidí permanecer en el mismo sitio cuando un gran alboroto detrás de mí captó nuestra atención: Ricardo había saltado y caído al suelo, rodando y dando volteretas.

Lucía al girarse se lo encontró en el suelo.

—¡Ricardo!

Aproveché esa distracción para dar un paso hacia el frente, sin ser visto. Teresa al percatarse frunció el ceño y me dedicó una sonrisa macabra. Entre tanto, Ricardo consiguió detenerse, se levantó con disimulo y se quedó inmóvil.

—Te he visto... —se burló la joven.

—Ya estaba quieto cuando te has girado —se quejó el chico permaneciendo en el sitio hasta que no pudo aguantar durante más tiempo la mirada de Lucía y se dio la vuelta.

Lucía se recogió la melena en una coleta y se acercó a Teresa. Las dos chicas se retaron con la mirada. 

—No voy a quitarte el ojo de encima.

Lucía se fue a la pared y contó a gran velocidad. Pensé en avanzar, pero algo me hizo quedar quieto, hubiera sido mi perdición, tan rápido como acabó de contar, se giró y me miró. 

Por el rabillo del ojo controlé a Teresa quien no se había movido, esperaba mi error, por lo que tomé aire y esperé a que Lucía volviera a contar. 

—Uno. —Miré a Ricardo y a Marisa—. Dos. —Me volví hacia Teresa—. Tres. —Observé inmóvil a Lucía—. ¡Pica-pared!

Teresa con un salto tocó el muro y se volteó para llegar al final del campo. Lucía que reaccionó con velocidad corrió directo a ella y se lanzó tocándola en el brazo cuando parecía que se iba a escapar. Aproveché esa situación para avanzar unos pasos y colocarme en mejor posición para el próximo turno.

Teresa se lamentaba en el lateral mientras Marisa y Ricardo saltaban a su alrededor dándole ánimos. Cuando Lucía volvió a su posición pasó por mi lado y me dio una palmadita en la espalda.

—No lo conseguirás…

Sonreí.

—Uno… dos… tres… —comenzó a contar.

Permanecí estático, sabía que estaba esperando escuchar el más mínimo sonido para acabar de contar y girarse.

—¡Pica-pared! —concluyó volteándose de un salto.

Cuando me vio sonriéndole maldijo por lo bajo y se giró, pero antes de que empezara a contar me coloque justo detrás de ella con un veloz y silencioso movimiento.

—Uno… —Toqué la pared con la mano y me giré.

Escuché a Lucía gritar muy cerca de mí. Corrí tanto como pude, el final del campo estaba a un par de zancadas más. Lo iba a lograr, pero en aquel preciso momento comencé a notar el cansancio en mis piernas, traté de hacer un último esfuerzo para hacerme con la victoria, sin embargo, un toque en el hombro lo evitó.

—¡La paras!

Mis compañeros celebraron que volvíamos a comenzar y se acercaron a nuestra posición saltando y abrazando a la ganadora.

—Qué malos eres… —Teresa me miró y me sacó la lengua—. Encima paras tú.

—He estado a punto de ganar —contesté molesto.

—¡Igual que yo! —exclamó ella—. Pero yo no la paro.

La chica comenzó a reírse y los demás la imitaron. Cansado de oírlos me dirigí a la pared.

—Comienzo ya —anuncié por lo bajo—. Uno, dos, tres. Pica-pared.

Al girarme me los encontré hablando entre ellos e ignorándome por completo.

—¡Eh! —grité—. Empezamos ya o me voy a casa.

Aquella amenaza siempre funcionaba y aquella vez no fue una excepción. Todos se colocaron en la salida y me miraron con atención. Me volteé y comencé a escuchar pasos. Por el rabillo del ojo observé como Lucía y Teresa avanzaban a toda velocidad. Que bien me lo iba a pasar en esta partida.

—Uno, dos… —comencé a contar.


Uno, dos...: ¡Ponle nota!

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