miércoles, 20 de abril de 2016

Challenge Me!: Háblame del mar

(Continuación "MV Edimburgh")

Escucho el sonido de una botella rodando por el suelo. Al tratar de abrir los ojos, el sol entra por mis pupilas provocándome un fuerte pinchazo en la cabeza. Me llevo la mano a los ojos, me pongo de costado en aquella diminuta litera y me cubro con las sábanas. Apenas recuerdo la noche anterior, pero sé que estuve con la tripulación.

Intento ponerme cómoda y me giro hacia el otro lado de la litera. Me veo obligada a contener la respiración al ver la espalda de un hombre y ahogo un grito tapándome la boca con las manos. Me miro perpleja y me descubro desnuda, a excepción de mis bragas. Un súbito calor invade todo mi cuerpo y comienzo a notarlo en las mejillas. Salgo de la litera con la mayor discreción posible y mientras observo el camarote me cubro los pechos con los brazos, hace frío, mucho frío. Recojo una camiseta que hay en el suelo y me la pongo para no morir congelada. 

La botella que me ha despertado sigue rodando en el suelo, por lo que me agacho a recogerla y la dejo sobre la mesa. En ella hay tres vasos de chupito, miro de nuevo la botella y me paso la lengua por el labio. Noto un ligero sabor a ron e instantáneamente siento un pinchazo en la cabeza. Me vuelvo hacia la litera y observo al hombre que duerme y trato de averiguar su identidad. Unas voces en el exterior me sobresaltan.

Busco mi ropa por la habitación y la encuentro junto a la puerta. Desplazándome de puntillas hasta allí la recojo y cuando me dispongo a abrir la puerta, oigo la sábana moverse y un leve gemido. Me quedo inmóvil y guardo silencio unos segundos. Y sin atreverme a girarme abro la puerta con cuidado.

Salgo del camarote y respiro aliviada, cuando me llevo la mano a la mejilla aún la noto caliente. Intento ubicarme por lo que me giro, observo alrededor y me fijo en la puerta por la que acabo de salir.

—Captain… —leo en una chapa.

Los recuerdos de la noche anterior me vienen a fogonazos. Veo mi cena en el comedor y cuando estoy a punto de terminármela, los marineros que habían estado trabajando durante todo el día, irrumpen sonrientes. El último en entrar es el capitán, y tan pronto como me ve, se acerca y se sienta junto a mí. Desde el encuentro en la enfermería esa misma mañana no nos hemos vuelto a ver y me ruborizo nada más verlo.

Pienso en todo el vino que bebí para no morirme de la vergüenza y me llevo la mano a la cabeza. Momento en que recuerdo la canción que cantó Randy, el chico que conocí el primer día.

—Háblame del mar, marinero —comienzo a tararearla sin darme cuenta—. Háblame del mar. Háblame… 

Unas voces detrás de mí hacen que vuelva a la realidad, dos marineros se dirigen a la salida y parece que no me han visto. Vuelvo a mirar la puerta y sonrío. 

—Buscando sirenas nuevas que le canten al pasar —tarareo alejándome de allí.

Trato de ubicarme otra vez y observo la enfermería al final del pasillo. Corro hasta allí y la puerta se abre justo delante de mí. Con un acto reflejo freno en seco y reculo un par de pasos. 

—Perdón —se disculpa alguien al notar mi presencia—, siempre dije que abrir hacia fuera era mala idea… 

Bajo la vista y sin mirar, saludo con timidez. 

—¡Eva! —saluda Brandon al reconocerme—. ¿Ya te has despertado?

Háblame del mar: ¡Ponle nota!

Me gusta   Ni fu, ni fa   No me gusta